Primeras preguntas y consideraciones.

Parto en este momento de una premisa que me ha perseguido siempre: “El Teatro no dejará de existir jamás”. En su momento se pensó que el cine sería el que dominaría totalmente los gustos del público por la ficción en la escena, pero no fue así­, ni aún las nuevas tecnologías de la información pueden competir con el fenómeno que representa la convivencia entre el actor y el espectador, las interacciones entre el espacio de ficción y el de interpretación creativa del espectador. Una de las virtudes que posee el Teatro es que no requiere de ninguna tecnología para llevarse a cabo pero el espectro de efectos y la energía con que una función teatral puede transformar a sus participantes es infinita; sin embargo, hay que aceptar que cuesta tanto crear esa energí­a que en muchos casos los objetivos de los creadores teatrales ponen su enfoque en otros aspectos como la espectacularidad simple y llana, los prestigios en juego en un proyecto, o bien el enclaustramiento estilístico y conceptual que nada tiene que ver con su entorno social.

El Teatro pudiera ser esa Máquina cuántica en la que el ser humano, -su cuerpo, su espíritu, su intelecto- pudiera realizar operaciones vitales sobre su propia conciencia, sus objetivos, sus sentidos, su registro de memorias y de proyecciones futuras, sobre sus conocimientos, sobre el campo de sus interacciones con el entorno y sobre el mejor flujo de su propia energí­a. Esa “máquina” es creada por actores y espectadores rodeando el ámbito escénico que comparten, afectando los músculos de unos y otros, su respiración sus creencias. Empieza con el pacto nombrado: función; tiene hora, tiene lugar, lleva tí­tulo y nombres que enmarcan el campo de juego y sugieren las primeras operaciones mentales, las primeras expectativas. Al final, el mundo creado en el acontecimiento teatral puede ser tan indeleble como los cambios que ocurren en la Historia, o como esas experiencias, recuerdos y sí­mbolos que nos acompañan siempre en nuestras vidas.

Como primera idea creo que el director de escena debería trabajar equilibradamente en torno a tres áreas. La del trabajo con el actor y los elementos del espectáculo, la de la condiciones de “recepción del espectador” y el siempre cambiante plano, en gran medida metafísico, creado por el encuentro humano y la puesta en marcha de la ficción en el “aquí­ y ahora” de la función teatral.

…por aquí el comienzo de la indagaciones.

“La razón blindada” de Arístides Vargas, dirección de Nelsón Cepeda, foto: Luis Ramírez

¿Cuál es tu relación con el Teatro?

¿En que diferentes lugares te has encontrado expresiones teatrales?

¿Se fomenta su interés en tu comunidad?

¿Qué sugerencia o petición tendrías para los artistas escénicos en tu comunidad?

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