Capacidades y principios de lo humano en el trabajo del actor

Entre las capacidades del ser humano se encuentra una de suma importancia que tiene que ver con su adaptación a las distintas situaciones, individuales o colectivas que se presentan en su entorno. Nuestro mundo está constituido por la naturaleza, las personas, los espacios y objetos, el tiempo, las tecnologías y las interacciones que entre ellos se producen. Adecuamos nuestras actitudes, hábitos e incluso nuestro lenguaje de acuerdo a la persona o grupo con el que estemos conviviendo, hay diferentes actividades y objetivos según estemos en casa de un amigo o en el trabajo. O bien nos adecuamos a las reglas de nuestros padres en casa o las de nuestra escuela.

Una persona es en realidad un conjunto muy amplio de identidades, la propia palabra, que viene del latín y designaba a la máscara, lleva en su significado la idea misma de lo que somos, una proyección en un solo símbolo de un potencial infinito de posibilidades de acción, de reacción, de voluntad, de hábitos, sensaciones, emotividad y evolución. La máscara, la persona, como símbolo del referente humano sintetizado en la forma del personaje, se vuelve en el campo de lo real, esa idea diferenciada que permite reconocer las varias identidades de lo humano en nuestro universo de relaciones, la persona que soy y las personas que me rodean.

De una manera muy sintética podríamos decir que el trabajo del actor consiste en llevar esa capacidad humana al terreno de lo artístico; disponer creativamente de las informaciones de su experiencia y memoria; disponer del control pleno de sus sentidos y la reinterpretación de sus percepciones; tener un enfoque pleno de la atención y capacidades imaginativas; y participar con su cuerpo en los impulsos de un estado anímico general que ha sido planificado de manera consciente para llegar intuitivamente a las reacciones orgánicas de una vida con unos principios distintos a la realidad.

La particular formación de este estado anímico tiene como fundamento a los distintos principios que pudieran conformar el texto dramático como el personaje y la acción; así como el conjunto de ideas (temáticas, artísticas, técnicas) de las que surge un proceso de puesta en escena, la ficción, es ese mundo en el que el actor debe crear la estrategia de trabajo para crear una máscara de lo humano; con su imaginación, con su información y experiencia, con su capacidad de aprendizaje, con su capacidad vocal y de movimiento; una máscara en la que él mismo como humano pueda sentirse, y a la vez ser visto, como una persona viva.

“Los días felices”, de Samuel Beckett, dirección Ulises Vargas, fotos: Laura Sánchez.

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