“Caín”, de Javier Márquez | Puesta en escena de titulación, Generación 2019 ESAY | (Parte # 1)


Una aventura en el lenguaje teatral contemporáneo

A principios de este año se me propuso conducir la puesta en escena de titulación de la Generación 2015-2019 de la Licenciatura en Teatro en la Escuela Superior de Artes de Yucatán, fue para mí un gran honor pero sobre todo responsabilidad poder encargarme del proyecto con el que los jóvenes de esta generación saldrían al campo profesional tras concluir sus estudios. Cabe mencionar que he participado en varios proyectos finales, nunca me había tocado ser el director de una puesta en escena de examen profesional, por lo que la emoción y también el nerviosismo eran especiales.

Lo primero fue tomarme un tiempo para hacer una selección de obras que propondría al grupo, en la cual tomaría en consideración el proceso que los alumnos habían vivido durante su semestre anterior, en el que trabajaron con materiales del director y autor mexicano Adam Guevara, quien se caracterizó siempre por su compromiso social y el trabajo colectivo con los grupos con los que trabajó. La tarea para el octavo semestre era llevar esa experiencia de exploración al terreno de la realización de una puesta en escena completa que dialogara con las temáticas y elementos con los que habían trabajado. Así, la terna de obras que seleccioné para proponer al grupo se constituyó de la siguiente manera: Vida y obra de Dalomismo, del mexicano Enrique Ballesté, Lo que pasó con Nora cuando dejó a su marido, de la autora austriaca Elfriede Jelinek, y finalmente Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte, de Ramón María de Valle-Inclán, obra cuyo análisis había adelantado un poco: (Bitácora_MDE # 13).

Primer encuentro

Llegó el momento de encontrarnos y el trabajo inicial fue la lectura de la terna propuesta, Dalomismo y su viaje por las diversas etapas del humano desde el nacimiento hasta la muerte, Nora en su encuentro con un mundo dividido en clases sociales que luchan por sus derechos, privilegios o dividendos y finalmente el Retablo, que lo es de esa sociedad profunda en la España de Valle-Inclán, pero que también lo es de la gente de todos esos pueblos latinoamericanos que Valle-Inclán también conocío y retrató.

Javier Márquez Foto: Pablo Molinet

A las lecturas se coló, casi a último momento una obra que el grupo había leído en alguna materia semestres atrás, pero que a todos había sorprendido y “tocado” de manera especial, se trataba de Caín, del autor capitalino Javier Márquez. Las discusiones estuvieron centradas en las temáticas, acción, tipos de personaje y posibilidades de reparto, además de las perspectivas de lectura actual de las obras en cuestión. Desde muy pronto la tendencia en la discusión se fue centrando, sobre todo de parte del grupo en esta última obra. Por mi parte tenía cierta resistencia por defender de alguna manera alguna de las obras de la terna propuesta. Al final tras algunas rondas de discusión y toma de decisión, sobre todo tomando en cuenta ya no mis perspectivas sino las del propio grupo, decidimos realizar el proyecto de puesta en escena de Caín.

La obra está publicada en la compilación realizada por la UNAM, Grafías contra el planisferio paginado, Antología de dramaturgia mexicana actual, en cuyo prólogo escribe Alberto Villareal:

Aglutinan los siguientes nombres antologados reglas de coincidencia que los trenzan en columpio a tres bandas que sostienen esta antología: Nacidos en los ochenta; mexicanos y con obra ya diversificada con solidez. Fuera de estas parentelas, en términos de oficio, todos son extranjeros entre sí. (…) Los convocados desvelan y develan con urgencias dramatúrgicas provenientes de recursivas insatisfacciones: el devoramiento del texto por la puesta en escena y la falta de verticalidad en la página. (…) Entre la espectacularidad de la violencia que persiguió la dramaturgia de la última década del siglo xx, y el optimismo, democratización y ecologismo literario de la primera década del xxi, lo que distingue o unifica –no sin forzar– a esta generación, es que todo tema debe perder su matiz de experimentación y buscar la madurez.



Cuadros XVI y XVII de la obra Caín.


Caín conduciendo a Abel a la muerte, James Tissot, c. 1900

La obra es un collage de momentos, pensamientos, referencias y re-interpretaciones que a partir de la narración del primer asesinato de la Historia, busca hablar de la actualidad en términos de su violencia, la depredación consumista, la saturación, la mecanicidad y la confrontación eterna de hermano contra hermano.

Algunos de los objetivos escénicos que como primer impulso se pusieron sobre la mesa en torno a la obra fueron entre otros, las grandes posibilidades de creación y exploración en símbolos que la obra ofrecía, el lenguaje dramático plenamente contemporáneo que va además en acuerdo con los objetivos de la materia en la que se enmarca la puesta en escena final, la riqueza en el área de creación corporal y vocal que incluía la creación de figuras de la más diversa índole, transitando desde el mundo de la Biblia hasta el paisaje urbano actual, figuras oníricas y también la propia personalidad del actor y su relación directa con el público. La presencia de personajes grupales, coreografía y coralidad; además del amplio énfasis en el abigarramiento, la repetición, las imágenes grotescas, la libertad de significaciones, la diversidad de tonalidades, lo ritual y lo blasfemo.

Definición del proyecto

Dada la naturaleza abierta de la obra, el primer criterio de trabajo que surgió fue el de una organización y toma de decisiones de manera horizontal, es decir, hacer una práctica escénica en la que la responsabilidad creativa recaería en todos cada uno de los integrantes del equipo de trabajo, eliminando la figura impositiva del director pero definiendo funciones de acuerdo a la actividad principal de cada uno: coordinación (Mtro. Miguel Ángel Canto), actuación (Generación 2015-2019), asistencia de dirección (Mtro. Francisco Solís), producción (Mtro. Manuel Araiza), taller corporal (Mtro. Carlos Castro) y taller vocal (Mtra. María Eugenia Guerrero). Esta forma de trabajo surge de las experiencias teatrales a partir de la segunda mitad del siglo anterior y ha tenido amplia repercusión en el desarrollo del teatro desde entonces, permitiendo un compromiso artístico, creativo y social en los grupos de trabajo.

En cuanto al análisis de la obra se definió en el acuerdo común enmarcarla en el campo del Teatro posdramático, y desde ahí definir algunas de las características de este:

    • Sobre la acción y la no acción en el texto.
    • La identidad es múltiple, o es fluida, o es transformable, o no es la que nos plantea la sociedad – la no identidad.
    • No hay espacios concretos.
    • No acepta lo establecido, lo sólido.
    • Elimina la valorización de la identidad.
    • Otra forma de comprender la estructura, que descompone y reelabora estructura tradicional del drama.
    • Textualidad amplia y variada – multitextuales.
    • El personaje se reparte – colectividad actoral.
    • No busca que se defina un sentido unívoco, busca crear un campo de sentidos donde el espectador decide qué quiere y cómo lo quiere entender.
    • Campo abierto de percepciones y sensaciones.

Escenografía y vestuario

Dentro de los criterios iniciales se establecieron también las formas de participación del grupo de actores en el proceso de producción de la obra bajo la conducción del profesor Manuel Araiza, bajo su conducción, los propios actores participaron en el diseño y realización escenográfica y también en el diseño de vestuario de la puesta en escena. Las condiciones de producción en la Escuela requieren que por lo menos el diseño escenográfico se elabore dentro de las primeras semanas de trabajo, tomando en cuenta los procesos y tiempos administrativos en los que los recursos y cotizaciones necesarias son aprobados y se hacen las adquisiciones correspondientes.

En cuanto a la escenografía, la propuesta inicial consistió en establecer el formato espacial en el que se enmarcaría la puesta en escena, del cual desde el principio se propuso una relación circular con el espectador (teatro arena). Se consideró la construcción de una escenografía modular, cuyas piezas pudieran colocarse en distintas posiciones, conformando la diversidad de espacios propuestos por la obra. Se consideró la idea cíclica y también de recorrido, que supone el viaje de Caín, desde su ofrenda con su hermano Abel, hasta su viaje de expulsión hacia la tierras de Nod. A continuación se presentan algunos de los esquemas propuestos por los actores así como la definición realizada por el profesor Manuel Araiza.



El diseño y la definición del vestuario tuvo un proceso de trabajo más largo en el cual se registraron diferentes etapas, siendo el vestuario una parte fundamental de la identidad no sólo de la puesta en escena sino también de los personajes. En este sentido la comodidad e integración con que los actores asumieran su vestuario era fundamental. La primera idea fue el vestir primigenio de los personajes bíblicos, basándose en las pieles y las fibras vegetales con los que suponemos se vestían. Se propusieron diversas capas, constituidas por un vestuario base, las pieles y cubiertas primarias y por último, los elementos de definición de las diferentes figuras o tipos de personaje (camisas, pantalones, sombreros, etc.) entre los que se encontraban niños, maestros, trabajadores, luchadores, periodistas, entre otros. En esta etapa surgieron también propuestas de maquillaje que se fueron definiendo como elemento importante de la imagen de los personajes.



Sesión fotográfica


En la siguiente etapa el maestro Manuel Araiza elaboró una propuesta base que buscaba integrar una visión contemporánea a partir de la idea de los videojuegos y el anime, como parte de los elementos tonales presentes en la obra.



Diseño: Manuel Araiza


Finalmente se llegó a la definición de un vestuario relacionado con una de las líneas principales de desarrollo en la pieza, la educación y las figuras de imposición de la misma, la necesidad de unificación llevó progresivamente a la selección del uniforme escolar como base del vestuario.


Foto: Diana V. Heredia



@LeVeuf



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