La raíz del muro, las púas y de la alarma las sirenas

Pasan sin a veces llamarlos pensamientos sobre el mundo y sus vueltas de cabeza en muchísimos aspectos. Nada hay como prestarles los ojos y ponerles aunque sea un poquito los oídos. No es que se nos revelen los misterios del asunto, o que con nuestros ensueños podamos resolver los problemas del mundo, pero tal vez estas meditaciones puedan cumplir la vocación de las oraciones liberando los flujos del entorno. Entonces surgen los sentidos que necesitamos, los discursos que nos dan guía o también los misterios del poema que desde el fondo recitamos.

Va corriendo el caudal de las palabras y le viene abriendo el paso al impulso del Buen Viento.

 

De gigantes ladrillos
construía enormes muros el miedo
con pilares de acero
decorado con las púas cortantes
ansiosas del más leve
contacto con la carne
vendiéndote su abrazo por dinero.

Son las cosas más tristes
que nos tragamos cada noticiero,
con sus caras bonitas,
palabra amarga y trazos de metralla,
lloran y también ríen
a la orden del patrocinador
que en su larga factura se detalla.

Es una larga caída al abismo,
cada año nos lo están asegurando,
los rescoldos de siniestras batallas
por el mundo esparcidas
con el fuego alimentan,
culpando al enemigo
indignados se lamentan.

Tiene el miedo siempre una doble cara
su suave mano ahorca,
crisis, reacción, solución, te da la otra,
sin ser posible quitarnos de en medio
nos dejamos llevar
y pagamos con trabajos de tedio
al precio del salario.

Sólo falta por fin abrir los ojos,
percibir el canto repetitivo
que se apresta a entonar
con el acompañamiento del odio
su coro vomitivo.
Entonces nada deberá costarnos
emprender por nosotros el camino.


Imágenes originales



@LeVeuf


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