Crónica del proyecto Maldonado | (Parte II)


Enlace a la (Parte I)

 


II

La temporada del asesino

 


Ana tuvo que armarse de valor para preguntarle a su hija qué era lo que había visto, no estaba preparada para que el recuerdo de una niña de tres años estuviera tan vivo en la mujer que ahora era su hija. Ella misma había mantenido alejado la idea de que lo que se encontraba oculto en aquella cámara fotográfica tuviera aún tanta fuerza como para despertar los recuerdos de su hija. —Cecilia, ¿qué es lo que viste exactamente? —Le preguntó finalmente a su hija—. Me vi en medio de un círculo formado por los cinco sillones, estaba todo oscuro sin embargo mi sillón estaba muy iluminado, como si la luz de un flash se hubiera congelado en el tiempo cuando me tomaban una foto —respondió Cecilia—. Cuéntame qué pasó, madre.

—Después de nuestra primera reunión recuerdo que lo primero que hice fue ir a probar mi cámara —comenzó a contar Ana—, era lo único que tenía yo de todo el equipo, no tenía ni reflectores, pantallas ni nada de eso. Aunque no fueron nada difíciles de conseguir entre mis amigos fotógrafos, les inventé que quería hacer una fotos de mi casa. Yo quería mostrarme de lo más profesional con el señor Maldonado, aún cuando me había dicho que no le preocupaba tanto la calidad de las fotos sino la confidencialidad. De cualquier forma me pareció precavido comentarle a una amiga la dirección de la casa donde estaría trabajando, con el pretexto de que me recogiera para ir a tomar un café después de mi primera cita.

—Pero nada extraño ocurrió ese día en relación con su trato conmigo. Lo extraño era esa casa y todos sus muebles, todo olía a antiguo, sin embargo estaba sumamente conservado. Había rincones de la casa donde podías transportarte más de cien años atrás. Decoraciones, libros. Era como un túnel del tiempo que iba yo atravesando en medio de una sensación agobiante. Aún más extraño fue que al iniciar la sesión de fotografías con el primer sillón, el más antiguo, Maldonado comenzó a hacer unas muecas y poses que me tomaron por sorpresa. Parecía muy concentrado es esa especie de danza, hasta que de pronto me dijo “Podemos empezar”.

—¿No decía nada? ¿Hacía algún ruido? —Preguntaba la hija— ¿No intentaste averiguar lo que estaba haciendo? —En ese momento no me pareció apropiado —pudo al fin contestar Ana—, después supuse que era algún tipo de preparación para las poses extrañas que comenzó a adoptar en el sillón cuando comencé a tomarle las fotos. —Era un ritual —dijo Cecilia automáticamente—. Eran dos posturas únicamente que repetía alternadas y que me hacía tomar desde distintos ángulos de la habitación —continuó Ana—. No hablamos nada ni me di cuenta de cómo pasó el tiempo mientras hacía las fotos. Terminé la sesión y me dijo que probablemente la siguiente sería la semana próxima, que me avisaría con tiempo. Cuando salí mi amiga estaba ya bastante molesta en su auto, me estuvo esperando casi una hora. Me dijo que tocó el timbre pero adentro yo nunca escuché nada.



Su madre iba contando mientras que ahora era Cecilia quien preparaba el café y servía las tazas durante el repaso de aquellos sucesos. —Ese día estaba yo muy distraída durante la plática con esta amiga, estaba pensando en el señor Maldonado, en sus muecas, su posturas en el sillón y esas sensaciones extrañas en su casa —continuó contando Ana mientras movía el café de su taza—. Entre brumas recuerdo que me platicó de un crimen siniestro que había ocurrido hacía un par de días y del cual yo no me había enterado, pero que tenía a la ciudad bajo alarma pues no se sabía nada del autor de un asesinato en el que habían dejado un cuerpo desmembrado.

—La semana siguiente aproveché para encontrarme con mi abogado, Maldonado me había adelantado lo de la segunda sesión, así que me dediqué a retomar los trámites de la demanda por tu custodia. Tu padre y yo nos divorciamos de una manera horrible, ambos eramos muy jóvenes, egocéntricos pero tú eras todo nuestro mundo, en ese momento él tenía mejores condiciones que yo así que se aprovechó de eso para quedarse contigo. Eran difíciles mis visitas ya que siempre se dedicaba a atormentarme pero si por algo no te visitaba alguna semana, la siguiente se daba el lujo de cancelarme al último momento. Desde el inició pensé en ese proyecto como una manera de recuperarte, sólo que creí que sería gracias al dinero que estaba recibiendo y no de la manera en la que todo ocurrió —continuaba diciendo Ana—. Cecilia era quien ahora se asomaba por la ventana mientras la noche se iba haciendo presente sobre el horizonte de edificios.

—Dos noches antes de la segunda sesión con Maldonado me enteré por el noticiero de otro asesinato que había conmocionado a la gente. Aunque por la televisión nunca quisieron revelar detalles, parece que algunos periodistas hallaron el modo de tomar fotos al lugar del crimen y la prensa amarillista se regodeaba en aquellas imágenes que podías ver por todas las calles. Hasta ese momento procuraba evitar el asunto, ya tenía bastantes preocupaciones entre los abogados y aquellas fotografías —dijo Ana tas lo cual se quedó en silencio. —¿Por qué dijiste que hasta ese momento evitabas el asunto de los asesinatos? ¿Hubo algo que te hizo interesarte? ¿Fuiste testigo de algunos de esos crímenes? —Preguntaba la hija obsesivamente.

Ana miró por un largo rato a su hija a los ojos, suponía que aquellas visiones que tuvo al ver la cámara fotográfica eran algo más que recuerdos y que la conexión que tuvo con aquellos hechos estaba aún viva. —Sígueme contando madre, ¿qué fue lo que descubriste? —le decía Cecilia tomándola de las manos.

—Fui a mi segunda cita con Maldonado y ahora había preparado el siguiente sillón, se veía aún más antiguo que el anterior, pero siempre muy conservado. Los gestos de Maldonado fueron distintos, hacía una risa infantil que ensayaba de diversas maneras mientras se contorsionaba. Cuando subió al sillón había algo en su figura que se me hacía familiar, pero no llegué a distinguir qué era. No platicábamos, no comentaba nada, simplemente al terminar la sesión me daba el dinero de la siguiente sesión y me hacía firmar un recibo. Me dijo que la siguiente podría ser en un par de días si es que yo estaba disponible, le dije que sí. Esa misma noche comenzaron a reportar por el noticiero un tercer asesinato. Ya habían encontrado relaciones entre los crímenes, sobre todo en la forma en la que el asesino colocaba el cadaver. En esta ocasión la televisora sí transmitió las imágenes, así como las de los crímenes anteriores. Ahí fue cuando reconocí las posturas que hacía Maldonado. pensé que me estaba volviendo loca.

—No es para poco, madre —respondió Cecilia— aún no lo sabías pero tú eras la fotógrafa personal del asesino —decía la hija mientras que a Ana comenzaban a temblarle nuevamente las manos.



Edición digital a partir de las siguientes fuentes como referencia:

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@LeVeuf


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