Crónica del proyecto Maldonado | (Parte IV)

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IV

Licenciado Chavez

 


Habían pasado ya muchas horas Ana y Lucía platicando, la madrugada las había alcanzado siguiendo el hilo del extraño relato sobre Maldonado, las sesiones de fotos y los asesinatos. No se daban cuenta del tiempo ni de todo el café que durante la tarde y la noche habían tomado. Ana preparaba nuevamente la cafetera, tratando de organizar los acontecimientos en su cabeza mientras que en el filtro iba colocando las cucharadas. Pulso el botón para iniciar el proceso y se dirigió nuevamente a la mesa.

—El Licenciado Chavez era uno de los mejores abogados de la ciudad, sólo gracias al dinero de Maldonado es que me atreví a buscarlo. Después de aquella cita en que le dije todo lo que sabía de Maldonado y su casa me pidió que nos viéramos nuevamente para mostrarle las fotos que ya había tomado.Y le dije que no sabía si era buena idea, que lo mío podrían ser sólo conjeturas y no quería meterme en más problemas Me dijo que el podía encargarse del asunto, que si quería prestarle mis rollos él tenía forma de revelar las fotos y entregarme los rollos intactos nuevamente. Me dijo que haría unas llamadas y se pondría a investigar sobre la casa, que podríamos vernos tal vez en un par de días. Era un buen hombre, nunca debí de haberlo metido en este asunto. —Tú no lo metiste, mamá —respondió Lucía con su voz calmada—, lo metió su propio interés y deseo de volverse aún más importante por haber resuelto los crímenes famosos.

—A la noche siguiente recibí una llamada del Licenciado —continuó narrando Ana a su hija—, me dijo el nombre de la familia a la que había pertenecido aquella casa y que efectivamente ahora estaba a nombre de Maldonado, de quien hasta el momento no tenía mucha información más que la que yo le había proporcionado. Me pidió llevar a nuestra siguiente cita, además de los rollos, cualquier otro documento escrito o firmado por él, que seguiría indagando. Lo vi al día siguiente por la tarde para entregarle todo. Tomo mis rollos sin revelar y se los dio a su secretaria, me pidió esperar un momento, que me los entregaría nuevamente casi intactos como me había prometido. Me pidió por último que le avisara inmediatamente cuando programara mi siguiente cita con Maldonado.

—¿Te llegó a decir lo que se encontró? —Preguntó la hija—. ¿Eso que realmente vio en las fotos? Ana escuchó esas preguntas sintiendo una especie de la agudeza cortante de quien cuestiona conociendo la respuesta. —Cuando Chavez me volvió a contactar me pidió acompañarlo a la casa, había al parecer conseguido una orden de cateo que conduciría con la policía. Dijo que sería de mucha ayuda dado que yo conocía la casa. Yo le dije que prefería no hacerlo pero me interesaba saber que había pasado con esas fotos, él solamente me dijo que habían salido demasiado oscuras,que no había podido ver nada. —Me parece que te mintió —dijo Lucía. —Eso mismo pensé —respondió Ana casi automáticamente—, de alguna manera todavía me preocupaba haber hecho bien mi trabajo y estaba segura que las fotos tendrían buena calidad en su gran mayoría.



—Dos horas después me llamó Maldonado, me preguntó si podríamos tener la siguiente sesión al día siguiente, pero que esta no sería en la casa, sino en un estudio fotográfico en el centro que ya había contratado. “El sillón ya se encuentra ahí”, me dijo, “no se olvide de llevar la cámara”. Yo conocía aquel estudio fotográfico, por lo que le dije que sí a Maldonado, pensando en dar aviso a Chavez para que estuviera pendiente y de ser posible me mandara vigilancia. Pero no me contestó esa noche y tampoco durante la mañana y tardes siguientes. En su oficina sólo me decían que por el momento el Licenciado se encontraba ocupado, que le darían mi mensaje.

Lucía se encontraba ahora en el sofá que estaba a lado de la ventana, se acariciaba el pelo. —Nunca debió haberse metido en este asunto —comentó de pronto—, debió continuar ayudándote a recuperar mi custodia. ¿Qué pasó con Maldonado esa tarde, madre? —Me enteré por fin de lo que sería capaz —contestó secamente Ana—. Decidí llamarle a mi amiga para que me acompañara, supuse que no habría problema y él se comportó de manera extrañamente amable. Muchas risas y miradas entre él y mi amiga. No hizo ninguna de sus posturas, solo era él sentado en su sillón antiguo normalmente con esa sonrisa en el rostro. Esta sesión estaba pagada, así que me dijo que la quinta y última sesión la liquidaría directamente al ser finalizada. Un auto lo estaba esperando a la salida del estudio, desde la ventana me dijo “Lamento mucho lo de Chavez, era muy buen abogado. Le deseo que se reúna pronto con su hija”. —Ana respiraba con dificultad, apretándose las manos para tratar de continuar.

—Cuando llegué a mi casa encontré un sobre que tenía escrito encima “Esta noche saldrá en las noticias. El Licenciado Chavez le quiso hacer llegar estos documentos. Tenga cuidado.” Fui de inmediato a prender la televisión buscando algún noticiero. Mientras comenzaba abrí aquel sobre. Tenía varios documentos de propiedad o algo así. Venían los nombres de varios miembros de la familia, mayormente hombres. También había algunas fotos familiares antiguas y otras un tanto extrañas, eran fotografías de gente de espaldas. Había copias fotostáticas de periódico de hacia décadas, parecía referirse todas a un culto extraño relacionado a varios asesinatos. Me disponía a revisar todos esos documentos cuando en la televisión comenzó el noticiero. —¿Qué pasó con el buen Licenciado Chavez? —preguntó Lucía con enigmática sonrisa.

—Anunciaron la noticia de última hora. El famoso abogado Roberto Chavez había sido encontrado muerto la noche anterior después de haber matado a su esposa por múltiples heridas de cuchillo. El licenciado se cortó después las venas de la garganta. Apenas mandaron a comerciales en el noticiero sonó el teléfono. Era Maldonado. Le dije que sabía todo, que el había matado a toda esa gente y también probablemente al abogado. Maldonado me dijo únicamente que ya me estaba esperando para nuestra cita, que era preciso que termine mi trabajo. Me dijo que no se me ocurriera llamarle a nadie y mucho menos a la policía, si no quería que más cosas malas pasen. Me dijo que tú estarías ahí presente. Yo no le creí pero entonces te puso a hablar y yo te escuché por la bocina del teléfono. Cuando colgó me desmayé, no pude evitarlo, no sé cuantas horas pasaron.



Edición digital a partir de fotografías propias tomadas con
Global Nokia 2.1



@LeVeuf




Este trabajo por Miguel Ángel Canto está bajo una licencia Creative Commons Attribution-NonCommercial 4.0 International License
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